El arquitecto Aravena: las formas primitivas de ser y estar
A diferencia del arquitecto exitoso pero ordinario, cuyo trabajo suele contentarse con la fachada que grita “miren lo cool lo que soy”, Alejandro Aravena (Chile, 1967) ha desarrollado en América Latina una de las reflexiones y ejecuciones arquitectónicas más inteligentes en los últimos diez o quince años. No es un trabajo de impacto, de shock, como se apresura a aclarar él mismo, sino que busca dar a problemas complejos la respuesta más simple.
Desde Elemental, el taller que dirige actualmente, ha tomado una tarea que rara vez ocupa a los arquitectos famosos: la vivienda social a gran escala. Sobre ello habló en México en 2009 en una concentrada conversación con la revista La Tempestad, realizada por los arquitectos Juan Carlos Cano y Paloma Vera, dentro del IX Congreso de Arquitectura y Diseño, que ese año se dedicó precisamente a aquella estructura social: “La vivienda mínima en realidad siempre es muy mezquina. La vivienda elemental, en cambio, es algo que uno quiere hacer siempre, de ahí el nombre. Ahora, como es algo elemental, en algún momento cambiarás de casa, pero es algo deseable. Lo elemental es deseable, lo mínimo no lo es”.
Hacia los años treinta o cuarenta, José Villagrán, un arquitecto mexicano del siglo pasado, también se ocupó de formular una respuesta afín: un problema de arquitectura no es inicialmente de dinero, sino de imaginación, bastará con no ponerle chaquiras a los edificios de los pobres, bastará con no dar una respuesta postiza. Con ello, a mi modo de ver, es claro que la palabra material de la arquitectura también reflexiona e incide desde el interior de la cultura de un pueblo.
En el ámbito brasileño, recuerdo que Lucio Costa dio cuenta de varias reflexiones fundamentales relativamente próximas: cuando el desarrollo tecnológico en la arquitectura se aparta de los artificios de la propaganda y de la falsa jerarquía social, además de liberar al individuo del hambre y la indigencia, crea también las condiciones necesarias para que se libere de la sofisticación y la vulgaridad; en otras palabras, eran también para él las construcciones simples –de aspecto viril, ataviadas con objetos de fabricación diaria y encanto actual y propio– las que podían llevar de nuevo a “una vida auténtica, densa y natural”.
Profesor de la Universidad Católica de Chile desde 1994 y de la de Harvard de 2000 a 2005, Alejandro Aravena ha recibido varios reconocimientos importantes fuera de su país y es autor de algunos libros: Los hechos de la arquitectura (1999), El lugar de la arquitectura (2002) y Material de arquitectura (2003). Recientemente, además, adquirió nueva relevancia, pues este año formará parte del jurado que concede el prestigioso Premio Pritzker de Arquitectura.
A lo largo de los apuntes seleccionados, procuré, desde mi interés de aficionado, mostrar no sólo sus reflexiones en torno a la vivienda, sino las distintas direcciones e independencia de las que se alimenta su trabajo individual como arquitecto. Él mismo pone a la luz algunos de estos rasgos en Material de arquitectura, uno de los volúmenes que ha publicado como editor: “Recurrir a obras maestras para enseñar (un camino) puede terminar siendo contraproducente, porque lo excepcional del ejemplo, puede ser la mejor excusa para justificar la propia mediocridad. Nos interesa mostrar que lo excepcional se puede alcanzar a través de la formulación correcta del problema”. Y también en el VI Congreso de Innovación ICARE 2008: “En Elemental nunca nos hemos propuesto ser innovadores, no ha sido nunca un fin para nosotros. Es más bien una consecuencia de haber gastado mucho tiempo y usar mucho tiempo en formular bien la pregunta. No hay peor cosa que contestar bien la pregunta equivocada. Normalmente, cuando uno invierte mucho tiempo en la pregunta, aparece una pregunta nueva, una pregunta inédita, para la cual, por definición, no hay conocimiento suficiente y la respuesta termina siendo, a ojos de otros, innovadora. Pero no ha sido nuestro fin ser innovadores, ha sido el resultado de verse enfrentado a preguntas nuevas. Por otro lado, si bien siempre tuvimos alguna sospecha de que lo que se contestara bien en Chile, siempre se estaría contestando bien en el mundo, no fue, de nuevo, un propósito nuestro trabajar globalizadamente”.
Selección y nota de Iván García
México, junio de 2010.
FACULTAD DE MATEMÁTICAS (1998)
“Un matemático es una máquina de transformar café en ecuaciones”, nos dijo, muy al principio, uno de nuestros mandantes. Nos pareció que esto dicho medio en broma contenía una gran verdad. El límite del conocimiento se expande al menos de dos maneras:A. trabajando en solitario, concentrado.
B. Conversando casual, informalmente con otros.
Hacer avanzar el conocimiento según A, desde la celda monástica de trabajo, estaba de alguna manera recogido en el encargo mismo. Por lo tanto, nos pareció que la tarea del proyecto era construir B, la manera que descubre en el encuentro con los otros, las más de las veces casualmente, al paso. En este sentido este edificio es la magnificación de la conversación de pasillo y cuyo centro neurálgico se encuentra en la sala del café.
LICEO ISLA DE PASCUA (2001)
¿Cómo trabajar en un lugar donde la cultura tiende a ser un cliché?¿Cómo elegir un lenguaje arquitectónico que rechace el folclor sin alienarse con el lugar?
¿Cómo trabajar en un lugar donde el material más abundante es espacio?
Las respuestas correctas a estas preguntas, deberían ser dadas auto-explicativamente. De otro modo... nuestro error.
MATERIAL DE ARQUITECTURA (2003)
Una de las contribuciones de este libro, Material de Arquitectura, sería el intento por mostrar cómo enfrentar el proyecto de arquitectura a través de ejemplos cercanos, ya sea en el tiempo como en sus circunstancias. Explico: una antología, si bien puede ser inspiradora y edificante, tiene el gran riesgo de mostrarse como algo que sólo le ocurre a otros. Es decir, recurrir a obras maestras para enseñar (un camino) puede terminar siendo contraproducente, porque lo excepcional del ejemplo, puede ser la mejor excusa para justificar la propia mediocridad. Más que mostrar obras que puedan ser vistas como una cristalización de un momento histórico, que por eso mismo pueden tender a interpretarse como fruto de una tal cantidad de convergencias que raramente ocurrirán de nuevo, nos interesa mostrar que lo excepcional se puede alcanzar a través de la formulación correcta del problema, cosa que en principio cada uno de nosotros debería poder hacer. Obras cercanas en el tiempo y circunstancias de encargo similares a las que nos podrían tocar a todos, pretenden mostrar que la calidad podría ser algo cotidiano.
“¿Por qué se mueven los árboles?”, le preguntó el ingeniero Santiago Arias a un arquitecto, mientras esperaban empezar una reunión de trabajo de un proyecto que no viene al caso especificar. Era evidente que la pregunta venía con malicia, y que aunque uno no tuviera idea de la respuesta, lo único que no se podía contestar era el viento. “Por el viento” contestó el arquitecto. “No pues”, agregó en seco Arias, “eso es formular mal el problema”. La tesis de Arias es que el árbol simplemente se mueve, es una estructura flexible que libera energía por medio del movimiento; el viento sólo acusa esa posibilidad de la estructura. Él recomendaba el ejercicio de tirarse en un potrero debajo de un álamo tipo tres de la tarde; a esa hora el árbol ni se mueve. Como a las cuatro, las hojas y sólo las hojas, comienzan a vibrar; ni siquiera el tallo se mueve. Entonces, la leve brisa, que nuestra piel hasta entonces no había siquiera registrado y cuyo único signo visible era la vibración de las hojas, aumenta y mueve ahora a las hojas y parte de las ramas. A partir de entonces, empezaremos a ver que se moverán los ganchos, el tronco, hasta que finalmente el árbol completo se flectará para liberar la energía. Lo que esto demuestra, dice Arias, es que las hojas en un árbol son estructurales. Por eso ellos tienden a caerse en otoño, cuando les falta la primera capa de estructura. Si tan sólo aprendiésemos a formular el problema de la estructura de esta forma, se justificaría la existencia de este libro.
QUINTA MONROY (2004)
Proponemos dejar de pensar el problema de la vivienda como un gasto y empezar a verlo como inversión social. De lo que se trata es de garantizar que el subsidio de vivienda que reciben las familias, se valorice con cada día que pasa. Todos nosotros, cuando compramos una vivienda esperamos que se valorice en el tiempo; de hecho los bienes raíces son casi sinónimo de una inversión segura. Sin embargo en este momento, la vivienda social, en un porcentaje inaceptablemente alto, se parece más a comprar un auto que una casa; cada día que pasa, las viviendas valen menos. Esto es muy importante corregirlo porque a escala de país, nos gastaremos 10 billones de dólares en los próximos 20 años (sólo si proyectamos el presupuesto actual del Ministerio de Vivienda). Pero también a escala de una familia pobre, es clave entender que el subsidio de vivienda será por lejos, la ayuda más importante que recibirán, por una única vez en la vida, por parte del Estado; y es justamente ese subsidio el que debiera transformarse en un capital y la vivienda en un medio, que les permita a las familias superar la pobreza y no sólo protegerse de la intemperie.COMENTARIO DE LA REVISTA ELECTRÓNICA CIEN LADRILLOS SOBRE ESTE PROYECTO
Lo que ofrece Elemental es construir en un lugar aceptable de la ciudad, lo que el dinero les permite, medias viviendas, pero de forma suficientemente porosa para que queden huecos, donde posteriormente sus propietarios, cuando les sea posible y frecuentemente mediante la autoconstrucción, puedan ampliar su vivienda, ocupando los huecos dejados libres ex profeso. En vez de hacer una casa pequeña (en 30 m2 todo es pequeño), se optó por proyectar una vivienda de clase media, de la cual sólo se entregaba la mitad, que era para lo que daban los fondos. Se construyeron bajos de 34 m2 ampliables a 70m2 y duplex con 27 m2 construidos ampliables a 72 m2. Lo realmente maravilloso de la solución, es que los pobladores, en vez de triturar y maltratar lo recibido, se esforzaron por mejorarlo y complementarlo con unos resultados que superaron cualquier posible previsión inicial. Por fin el esfuerzo de la sociedad había dado frutos y multiplicado su valor inicial.LAS TORRES SIAMESAS (2005)
Se nos encargó hacer una torre de vidrio que albergara todo lo que tenía que ver con los computadores de la universidad. Esto tenía tres problemas: los computadores, el vidrio y la torre.En primer lugar, la pregunta que nos hacía la universidad era: ahora que tenemos computadores, ¿va a cambiar sustancialmente la manera de enseñar y por tanto las tipologías arquitectónicas que usamos para espacios educativos? ¿Tiene sentido todavía hablar de “salas” ahora que estamos ubicuamente conectados? El tema de los computadores tiende a basarse en una fe un poco desmedida en que ellos van a cambiar radicalmente nuestra vida. Eventualmente lo han hecho y lo seguirán haciendo, pero queríamos poder dudar de si efectivamente se produce algún cambio. Nuestra respuesta se dividió en dos: sí y no.
Sí cambia porque el paradigma del buen lugar de estudio y de trabajo nos pareció que se había invertido. Si hasta ahora ese buen lugar era visto como un lugar bien iluminado, ahora que hay computadores, de lo que se trata es de construir una buena penumbra que elimine el molesto reflejo sobre las pantallas. La luz no debe llegar a nuestros escritorios, porque sale desde ellos. Este hecho nos llevó a explorar una arquitectura relativamente hermética, con perforaciones muy controladas hacia el exterior. Por ello enterramos la placa de la torre (lo que nos permitió usarlas por arriba públicamente) y para lo cual redujimos las aberturas de la torre a su mínima expresión.
Nos pareció que la cosa ahora que hay computadores no cambia nada, porque nada va a reemplazar a la más arcaica y efectiva manera de transmitir conocimiento de una generación a otra, que es por medio de buenas conversaciones entre personas (ya sea entre maestro y discípulo o entre estudiantes) a la sombra de un buen árbol, o tomándose un buen café o encontrándose al paso en un buen corredor. (Teníamos en mente la antigua noción de institución de Kahn, en este caso la de una escuela.) Creíamos que la manera más convencional de enseñar, está cautelada por las normas (iluminación, visión, acústica). En cambio el aprendizaje informal no lo cuida nadie y nos pareció que ahí había oportunidad de proyecto. Para ello pensamos que la placa de la torre podía asumir la forma de planos inclinados de madera en los cuales echarse entre horas de clases, a tomar el sol o la sombra de la propia torre o del parque según fuese la época del año. El espacio de 9 alturas entre la torre de cemento y la de vidrio lo concebimos como la magnificación de la conversación de pasillo. Y en ese sentido no sólo nos parecía que el aula da lo mismo si cambia o no, sino que lo que debíamos hacer era movernos tan atrás como fuera posible (en vez de hacia delante) hacia formas primitivas de ser y estar.
BANSI (2009)
Nos pareció que la idea de un árbol encarna con precisión los requerimientos de este encargo.Un árbol es un elemento que puede ser admirado como un objeto, que desde la distancia tiene un carácter escultórico capaz de captar nuestra atención, pero que a la vez puede pasar a la periferia de nuestra atención y ser el simple medio a través de cual obtener una buena sombra. Desde lejos, la masa del follaje elevada a una cierta altura sobre el suelo lo hace presente, pero un árbol desde cerca, al tocar el suelo sólo con la pequeña sección del tronco, libera la vista y acoge bajo la copa situaciones cotidianas.
Fue justamente este conjunto de atributos del árbol el que quisimos aplicar al proyecto de BANSI: disponer la masa construida que el encargo solicita, de tal forma que tenga presencia urbana incluso a escalas lejanas, pero tratada materialmente con la levedad propia de los follajes.
ENTREVISTA CON EL PAÍS (2009)
Para hacer ver que los arquitectos importamos, hemos inventado la estrategia del shock. Durante más de una década los arquitectos han estado complicando respuestas para preguntas simples, cuando la estrategia a seguir debía haber sido la contraria: contestar de manera simple a una pregunta compleja.Cuando yo era pequeño si tenías sed tomabas agua… no había más. Eso te obliga a solucionar tus problemas por la vía más directa. No la más pobre, la más directa. Eso te entrena para necesitar poco. Y cuando necesitas poco, en momentos complicados, tienes más libertad. Sobre todo cuando empiezas. No tienes que mantener los trabajos que te permiten pagar un estilo de vida. Aceptas sólo los que te parece que van a ser relevantes y te van a permitir crecer. Si necesitas pagar muchas cuentas al mes te pones la zancadilla a ti mismo.
No voy a ningún lugar para hacer networking, buscando acceder a encargos por haber estado en reuniones sociales. Lo que me debe traer trabajo es la calidad de mis propios proyectos.
DE UNA RESEÑA TITULADA EQUITAT ELEMENTAL (2009)
La idea no es hacer casas para la gente pobre, sino que las casas ayuden a superar la pobreza.CHILDREN'S WORKSHOP VITRA, PROYECTO (2008)
1) A thing, not an object.
It’s been a couple of years now, since I heard Argentinean architect Rafael Iglesia describe one of his projects as the attempt to produce a thing not an object. A thing, he said, does not have project, it has not been designed; but an object has.
I might have misunderstood what he meant, but I translated it as the difference between a chair and a stone. A chair is designed to be able to sit on it. A stone, if of the right size and form, may allow to sit on it, but was not designed as such. A thing has a life on its own, it has no purpose; only circumstances, e.i. use, make a thing become intentional.
Even though it might seem a paradox, the idea of designing a building as if it has not been designed remained in my mind. I wanted to achieve the status of those cases that are closer to nature than to artifice, even though they are obviously manmade, cases in which the consecutives layers of knowledge applied to a given question and the uninterrupted trial and error approach besieging a problem, have shaped answers efficiently and smoothly. Some archaic shoes, some antique vases or some primitive tools have erased the traces of their formation process up to the point of acquiring the capacity to fit life, naturally.
The VITRA job seemed from the very beginning to be the case to do a thing not an object, something as natural and statement-free as a stone, but if of the appropriate size and form, able to perform as a building, in this case as a children workshop.
2) No ideas, but facts.
The first meeting took place in November 2007, on site: an existing garage neighboring Siza’s factory and Hadid’s firestation, that had been recently added to the Weil am Rhein Campus property. Rolf Felhbaum began by saying, as if it was a very normal thing, that he wanted a “direct” building for hosting the workshops that VITRA offers to children as an extra curricular activity. He did not say simple, nor cheap, but direct. It was one of the healthiest and most strategic starts I have ever had. Looking back, that first requirement, became the frame that defined the tone of the discussion and oriented the decisions that were taken afterwards.
In part due to the remoteness (Chile-Switzerland), in part because it just happened that way, we started a “thinking-out-loud” type of process: an internet dialogue in the form of texts and drawings where very clear, common sense, pragmatic options were evaluated. It was an exchange of facts, not ideas. Ideas are overrated.
Do we keep the garage and adapt it for the workshops? Being the building just a collection of small additions not flexible enough for an easy reuse, and being the environmental standard of the construction very poor, insufficient for an educational facility and very costly for a simple upgrade, what appeared to be more reasonable, was to demolish the existing structure.
However, to keep the 400 m2 underground made a lot of sense. So, the footprint of the basement, dictated the shape of the building on top.
Do we integrate the basement by perforating the slab? To remove some earth and get rid of a peripheral wall to bring light, air and people through a sloped courtyard, was easier.
How do we prepare the initial building to grow afterwards and still make sense? We thought that a fence was more flexible for future developments than a building. We spent a lot of time trying to balance a shape and size for the fence with the maximum space for the workshops but the minimum impact in the context in order to let Hadid’s building be visible from the street.
The long distance dialogue was followed by regular face to face meetings with Rolf Fehlbaum and the VITRA crew, where key, very precise and fresh conditions and orientations were given:
Use encouraging materials. Not rough, low budget, but encouraging materials. Do a happy building. Think of an environmentally friendly eventually recyclable structure. Discipline the form.
That is how we arrived to the wood and the reet as materials for the building. Form follows facts: The thatch roof follows archaic rules, taken from a time when construction and environment were not an option nor a technique but a fact as natural as gravity. The wood is laid in a way that structural intuition more than calculus informs its form.
Since we cannot compress the time required for an object become a thing, we decided to integrate as many layers of accumulated knowledge as possible, replacing experimentation by synthesis.
Imágenes extraídas de: http://www.alejandroaravena.com/
Vídeo
Las Torres Siamesas


