AddThis Social Bookmark Button
Home Crítica

Nicanor Parra, 97 años


Desde pequeño alternó su residencia entre Santiago, Lautaro, Ancud y Chillán.

En 1927, ingresó en el Liceo de Hombres de Chillán, donde cursó hasta el Quinto Año de Humanidades. En 1932, huyó de casa rumbo a Santiago, donde cursó el último año de educación secundaria en el Internado Nacional Barros Arana, gracias a una beca de la Liga de Estudiantes Pobres. Ahí conoció a Jorge Millas, Luis Oyarzún y Carlos Pedraza, con los cuales tuvo gran afinidad artística. El año 1933, el poeta ingresó al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile con el fin de estudiar Matemáticas y Física. También tomó Ingeniería, Derecho e Inglés, pero pronto los abandonó. Financió sus estudios desempeñándose como inspector del INBA y fue allí cuando en 1935 publicó su primer anticuento llamado “Gato en el camino” en la Revista Nueva (publicación que fundó junto a Millas y Pedraza). El relato circuló entre los inspectores, profesores y alumnos del Internado.

Regresó del Instituto Pedagógico en 1937, para desempeñarse como profesor de matemáticas y física en el Liceo de Hombres de Chillán. El mismo año publica Cancionero sin nombre, su primer libro de versos, donde dejó entrever huellas de la poesía de García Lorca. En 1938 es galardonado con el Premio Municipal de Santiago por su contribución a la física y la matemática.

En 1943 viaja a Estados Unidos a estudiar mecánica avanzada al medio en la Brown University, mediante una beca del Institute of International Education. Regresa en 1946 incorporándose a la Universidad de Chile como profesor titular de Mecánica Racional. En 1948 es nombrado Director Interino de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. En 1949 parte a Inglaterra gracias a la beca del Consejo Británico con la intención de estudiar cosmología en Oxford. Su paso por los Estados Unidos e Inglaterra, particularmente la inmersión en la vida cotidiana de dos sociedades desarrolladas, y su oposición a la poesía tradicional de Pablo Neruda, son fundamentales en la gestación de sus antipoemas.

Vuelve a Chile en 1951, casado con Inga Palmén, de nacionalidad sueca. En los Anales de la Universidad de Chile aparece una selección de sus antipoemas. Luego, en 1952 realiza nuevos avances en la poesía no tradicional, montando junto a Enrique Lihn, Alejandro Jodorowsky y otros, la poesía-mural quebrantahuesos, hecha con recortes de diarios.

En 1954 aparece su segundo libro: Poemas y antipoemas. El sistema antipoético incluye entre sus elementos un personaje anti-heroico, humor, ironía, sarcasmo y un verso cuyo léxico y sintaxis no obedecen al modelo literario clásico, sino al lenguaje cotidiano. En su país, este nuevo estilo de poesía fue apoyado públicamente por el crítico literario Ignacio Valente, quien ha resultado ser uno de sus máximos divulgadores.

En 1959 es invitado al congreso mundial de la paz en Pekín, China; para alcanzar la capital, viaja primero a Estocolmo, Suecia, debido a que los viajes a los países del socialismo real, en esa época de la Guerra Fría, eran exhaustivamente controlados por los organismos de seguridad occidentales. Visita a Artur Lundkvist, entonces Secretario Permanente de la Academia Sueca, y en casa de éste conoce a la escritora, Sun Axelsson, con quien se unirá sentimentalmente y que motivará, luego, el viaje de ella a Chile.

En 1969 recibe el Premio Nacional de Literatura por todo su trabajo literario y por el impacto que generó su libro Obra Gruesa, que publica ese mismo año. En 1991, se le otorga en México el premio Juan Rulfo. También ese año es nombrado Doctor Honoris Causa en la Universidad de Brown, grado que le conferirían luego también las universidades de Concepción en 1996, y del Biobío en 2000.

En 2000, recibe el Honorary Fellow de la Universidad de Oxford. El año 2001 recibe el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, además del Premio Bicentenario de la Corporación Cultural de Chile y Universidad de Chile. Tras una mediática exposición en el Centro Cultural Palacio de La Moneda, donde ahorcó a todos los ex-presidentes, que causó gran impacto, en octubre de 2006 presenta su nuevo libro Obras completas y algo más, que llegó a ser el más vendido en la feria del libro 2006.


Nicanor Parra cumple 95 años enclaustrado pero vital, creativo y vigente

Agencia EFE | Santiago de Chile
5 sept. 2009

Enclaustrado en su casa de Las Cruces (región chilena de Valparaíso), pero envuelto por la creatividad profana e irreverente que cruza toda su obra, Nicanor Parra cumple hoy 95 años, convertido, según el crítico Harold Bloom, en uno de los mejores poetas de Occidente. Un calificativo que tomará forma en marzo del próximo año, cuando el creador de la antipoesía será homenajeado en el V Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebrará en el puerto de Valparaíso.

También, mientras conduce su viejo escarabajo Volkswagen por las calles de Las Cruces y la vecina Isla Negra, donde afina los últimos detalles de su “Anti Museo”, da los últimos retoques a dos nuevos libros. Se trata de Cacha la hueá y El marica de Shakespeare, títulos muy en la línea de los artefactos, verdaderos misiles poéticos que ha diseminado desde hace 40 años o más (“Si los maricones volaran/ no se vería la luz del sol”; “Yanquis sí, Cuba también”). También contradictorios con su admiración por Shakespeare, aunque en rigor se declara más bien “hamletiano” y trabaja en una traducción de esa tragedia, que seguirá a Lear, rey & mendigo, que ha merecido el aplauso unánime de la crítica.

El hermano mayor de la folclorista Violeta Parra, que huye de las entrevistas (“me tergiversan todo”), pero recibe a estudiantes, admiradores y especialistas, espera además la publicación del segundo tomo de sus Obras completas & algo más (Galaxia Gutenberg), anunciado para el primer semestre del 2010. Para entonces también debería tomar forma el proyecto de la editora española Carmen Balcells que, cautivada por Parra, a quien afilió como uno de sus representados, se propuso “dar a conocer en todo el mundo su obra, para vuestro bicentenario”, comenzando por una antología a comienzos del 2010.

Nacido el 5 se septiembre de 1914 en San Fabián de Allico y el mayor de nueve hermanos artistas, Nicanor Parra llegó en 1932 a Santiago, estudió Física en el Instituto Pedagógico y después en Estados Unidos e Inglaterra, adonde llegó a cursar un doctorado en Cosmología en Oxford, donde en cambio estudió Literatura. El año 2000, la Universidad de Oxford distinguió con el “Honorary Fellow” a este chileno, admirado por Bob Dylan, Alan Ginsberg y Roberto Bolaño, que en 1954 revolucionó la poesía con la publicación de Poemas y antipoemas, donde proclamó que “durante 50 años la poesía han sido el paraíso del tonto solemne”.

Preguntado tras su éxito si buscaba ser el mejor poeta de Chile, respondió que “no, me conformo con ser el mejor poeta de Isla Negra”, en alusión a Pablo Neruda que en ese entonces ya vivía en esa localidad de la costa central de Chile. También se refirió a Neruda y a otros grandes poetas chilenos cuando proclamó: “No a la poesía de pequeño Dios (por Vicente Huidobro). No a la poesía de toro furioso (por Pablo de Rokha). No a la poesía de vaca sagrada (por Neruda)”.

En 1969 ganó el Premio Nacional de Literatura y publicó Obra gruesa, después la izquierda rompió con él por tomar té en la Casa Blanca con la esposa del presidente estadounidense Richard Nixon, se declaró ecologista y continuó creando. Artefactos (1972), Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977), Nuevos sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1979), Chistes para desorientar a la policía (1983), Coplas de Navidad (1983), Poesía política (1983), Hojas de Parra (1985) Poemas para combatir la calvicie (1993), son algunas de sus obras. También Páginas en blanco (2001), Lear Rey & Mendigo (2004), Obras completas I & algo + (2006) y Discursos de sobremesa (2006).

Un largo camino poético, en el que alguna vez se declaró agotado (“Yo quería seguir poetizando,/ pero se me terminó la inspiración”) o desencantado (“Ya no me queda nada por decir,/ todo lo que tenía que decir,/ Ha sido dicho no sé cuántas veces). A 95 años de nacido, Parra trabaja y se da tiempo para otear la tumbas de Vicente Huidobro y de Pablo Neruda, visibles desde su casa de Las Cruces, quiere desafiar al Papa a pelear y reivindica un antiguo artefacto alusivo a Dios: “ese güeón sí que la Kgó”. Acaba también de debutar en el cine, en el recién estrenado documental Retrato de un antipoeta, de Víctor Jiménez, que lo siguió cámara en mano durante diez años. “Antes de ver este documental yo pensaba que era guapo”, dijo tras ver el filme el poeta, alejado de la descripción de sí mismo que hizo en “Epitafio”:

“De estatura mediana [...] Flaco de nacimiento, aunque devoto de la buena mesa. De mejillas escuálidas y de más bien abundantes orejas. Con un rostro cuadrado en que los ojos se abren apenas y una nariz de boxeador mulato [...]. Ni muy listo ni tonto de remate. Fui lo que fui. Una mezcla de vinagre y aceite de comer. ¡Un embutido de ángel y bestia!”.


Víctor Jiménez: “Aunque a la gente no le guste, la película es un homenaje a Nicanor”

Ángela Tapia F.

El director que ha logrado mostrar al mayor de los Parra de manera más íntima al público, no tiene problemas en declarar que lo admira profundamente. Eso sí, tampoco niega que hubo roces a lo largo de los ¡once! años de filmación de su película y que, incluso, se dejó de hablar con la hija del antipoeta tras el estreno.

A Víctor Jiménez Atkin le caía mal Nicanor Parra, y cómo juzgarlo, si dicen que el poeta cuando quiere ser insoportable sabe hacerlo como el mejor. A pesar de eso, se mantuvo una década filmándolo, y hoy hasta se emociona un poco cuando dice que realmente lo adora.

Acaba de estrenar Retrato de un antipoeta, una película que en 71 minutos entrega escenas de un Nicanor más íntimo, rodeado de sus más cercanos, como su hija Colombina y su nieto Cristóbal (Tololo), y que además, revisa la influencia internacional que el mayor de los Parra tuvo en movimientos literarios de Inglaterra y Estados Unidos.

“Yo no tenía idea de que Parra era tan importante. Provengo de familia de marinos, que son gente menos intelectual, más esparta. Así que cuando lo conocí, lo que me gustó de él fue la imagen y por eso partí”, dice Jiménez, quien además es el director de la Escuela de Cine del Inacap.

La relación entre él y el antipoeta, si bien tuvo su origen en 1997 – cuando Jiménez realizó unas proyecciones en una exposición que presentaba obras de Roberto Matta con textos de Parra – comenzó más directamente y con la cámara en mano, gracias a que la familia de Quena Navarro, la esposa del director y productora de su película, era la propietaria de la casa de Las Cruces donde hoy reside el creador de “El hombre invisible”.

El asunto fue de más a menos. En un comienzo Don Nicanor se dejó filmar por el joven Víctor, pero a medida que pasaban los años, el poeta comenzó a hacerse más reticente a la cámara. De hecho, la escena con la que comienza el film, corresponde a la última realizada al poeta, en el año 2004, con Jiménez escondiéndose tras una puerta y Parra enojado diciéndole “cogotero” cuando, molesto, lo pilla espiándolo.
“Cuando él estaba enojado, yo agarraba mis cosas, ‘hasta luego don Nicanor, permiso, mucho gusto’, y me iba”.

¿Cómo se enojaba él?
“Se mandaba a cambiar. Por ejemplo, como esa vez, la de la última filmación cuando me dice ‘cogotero’, así se enoja. Se empelotaba, decía cuestiones y se iba a su pieza, arriba, y desaparecía, no decía nada. No era que me echaba de la casa ni nada. Él se iba y de repente bajaba, enojado, con la cara seria; nos veía y hacía unas cosas, unos gestos de ‘quédate ahí no más’. Obviamente, uno se daba cuenta que hasta ahí no más llegábamos y que nos teníamos que ir”.

¿Cuál era su rollo con la cámara?
“Lo que pasa es que él no quiere dejar registro. Es como con Shakesperare; de él no hay nada; ninguna imagen. De hecho no se sabe quién es y eso a él le alucina muchísimo. Así que esto iba en contra de no dejar rastro y ahí había un conflicto. Hasta hoy él dice que el personaje tiene que desaparecer, que la obra debe hablar por él, no él hablar de la obra”.

¿Cómo lo convenciste entonces de aparecer, de dejarse filmar?

“No lo convencí. Lo que hice fue – usando una palabra que dijo un crítico y que me gustó muchísimo – fue filmarlo de manera ‘cazurra’. Significa hacer las cosas de manera maliciosa, pero reservadamente, no violentamente. Yo siempre me mantuve en un segundo o tercer plano; preparaba los equipos de rodaje, conversaba con las personas que me iban a acompañar y que irían al encuentro de Nicanor. Pero yo siempre me quedaba en la terraza o en la cocina, mirando lo que estaba pasando.
“Inicialmente llegábamos a su casa, cara de palo. Yo era más joven y más informal. Nunca fui a saludarlo en buena onda, siempre fui a trabajar, y era un trabajo doloroso, porque siempre era complicado, siempre. Cuando iba, tenía que arrendar cámaras y comprar películas, llevaba gente y había que tenerle catering y a veces llegábamos y no nos recibía, no nos habría la puerta. Ahí operaba la paciencia. Nos quedábamos en el lugar donde estábamos alojados, haciendo tomas del exterior, hasta que un día, de repente, aparecía él solo y se dejaba filmar”.

En una escena, Nicanor habla del Principio de la Incertidumbre, que “el observador afecta al observado”. ¿Lograste superarlo?
“Después de esa vez, en una conversación me dijo que cómo era posible que con la tecnología que hay hoy en día, no fuéramos capaces de filmarlo sin que se diera cuenta. Yo me quedé callado, no le dije nada, pero entendí que me estaba invitando a que usara otra metodología, en función de que la película quedara más espontánea, en función del Principio. Lo que tenía que hacer era arreglármelas para que él se manifestara al cien por ciento como es, y la coronación de eso fue una entrevista que le hice en La Reina, donde habla de las mujeres y se ve todo manchado y con ruido”.

¿Por qué te tomó 11 años filmarlo?
“Fueron 11 años porque yo no lograba entender por qué estaba haciendo una película. Comencé porque me pareció una buena idea, pero luego ya no sabía porqué seguía ahí. Pero visceralmente, por imagen, por una cuestión más erótica que mental, me gustaba hacerlo. De hecho, al comienzo me caía mal Parra, pero, por otro lado, yo sabía que eso daba lo mismo, porque el personaje era tan importante que mi opinión y mis pasiones importaban un rábano”.

No deja de influir un poco que te caiga mal el personaje principal de tu trabajo.

“Obviamente. Así no podía editar la película. Tenía que llegar un momento en que entrara en armonía con lo que estaba haciendo y eso pasó recién hace dos años, cuando conocí a la jefa del Departamento de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Bristol, que era una fanática de Parra y me habló de la proyección internacional que tiene la antipoesía y el rol clave que él asume en la evolución del lenguaje. No me cabe duda que la película, fuera de Chile, va a tener un impacto súper importante”.

Con 11 años de cinta, debe haber algo que te dolió no incluir.
“Claro, hay cosas políticas que tuve que sacar, otras que tuve que censurar. Todos los temas políticos en los cuales Nicanor aparecía diciendo cosas en contra de alguien o que se prestara para que un tercero lo enjuiciara, los saqué. Yo lo admiro y, aunque a la gente no le guste, la película es un homenaje a Nicanor”.

¿Qué tipo de censura hubo?

“Tuve problemas que son los normales en una negociación sumamente delicada con Nicanor, a través de un abogado, a tres semanas del estreno. La película duraba 72 minutos y medio y ahora dura 71. Hay un minuto y medio que eran como las puntitas del filete que tuve que sacar. Ahí me dolió, pero sino, corría el riesgo de pelearme con él, con la Colombina y tener problemas con mis auspiciadores. Yo estaba en Argentina, haciendo las copias y ellos me llamaban diciendo que si no llegaba a acuerdo se bajaban, y yo que llevaba 11 años trabajando en eso... Yo quería sacar 45 segundos, pero al final, el abogado que trabajó conmigo me hizo entrar en razón y la Quena Navarro me convenció. Tuvimos que meterle tijera al positivo”.

¿Tienes la intención de que las imágenes sean públicas en algún minuto?
“Existe la posibilidad, no sé. Hay partes que son muy interesantes. Una en especial, que me dio mucha pena, pero la tuve que sacar porque era muy complicado ponerla, a pesar de que, un poco, por esa parte en especial logré algunos auspiciadores. Así que al sacarla se desfinanció un poquito”.

¿Son acerca de su experiencia para el ’73?
“Por ahí andaba la cosa, por esa zona”.

¿Cómo pasas de que no te caiga bien a decir que lo admiras y que no quieres dejarlo mal?

“Es súper simple, por el tiempo y porque lo empecé a conocer de verdad. Quiero ser franco, no me considero un experto en Parra, pero tuve muchas conversaciones con César Cuadra (autor de Nicanor Parra, en serio & en broma), leí varias cosas de Nicanor, y después de todo el proceso de investigación, entendí el universo parriano y lo empecé a querer”.

¿Ahora son amigos íntimos?

“He tenido breves conversaciones con él, ahora que ya no lo estoy filmando ni nada. Yo lo adoro, me produce una sensación de amor profundo, heavy. Todas las conversaciones que tuve para arreglar el conflicto nunca fueron con él, sino que con abogados y él nunca me dijo nada. Tuve más problemas con la Colombina. Nosotros éramos bien amigos y estamos peleados ahora, un poquito. Ella siempre apoyó la película y cuando ya estaba hecha y lista para salir, empezó lo de que corta tal parte, que la película no sale. Y esto no me lo decía Nicanor, me lo decía ella, pero yo sabía que hablaba por él. Así que con la Colomba no he hablado más desde hace un buen rato”.

¿Aunque hayas terminado cortando lo que te pidieron?
“Pero es que ellos querían más. Ahora, tampoco es para tanto, no pasa nada grave en la película”.

El siguiente paso en cine de Jiménez será cargado de las leyes de la física cuántica. El recién fallecido y famoso escritor Sergio Meier (autor de El color de la amatista y de La Segunda Enciclopedia de Tlön), fue el encargado de darle “el perfil de ciencia ficción dura”. Víctor se entusiasma hablando de realidades paralelas y de la paradoja de Schrödinger, cuya idea del experimento con el gato y el gas venenoso en una caja – y cuyas potenciales realidades: el animal está vivo o está muerto – será incluido en el film.

Para finalizar, ¿cuál es tu vicio privado?

“Es que soy muy vicioso, yo tengo todos los vicios del mundo, todos. (Lo piensa un largo rato, se ríe a veces). Un vicio, pero bien raro, es me gusta estornudar, así que provoco una situación para hacerlo”.

¿Con el sol?
“No, me meto palitos en la nariz y puedo quedarme estornudando veinte veces. La sensación me alucina (ríe)”.

¿Es broma?
“¡No, te lo juro! No hay nada que me guste más que estornudar, así, heavy. Es como expulsar, porque todo el cuerpo hace como paaaaaa. Es un toque no más y tiene que ser un palito metálico y largo. Estornudo y estornudo hasta que ya estoy listo. Quizás es muy freak eso (ríe)”.




<http://www.inacap.cl/tportalvp/?t=143&i=2&cc=10093&tm=2>