Sobre Em liberdade de Silviano Santiago
En la primera frase de Em Liberdade, novela escrita por Silviano Santiago en 1981, el protagonista Graciliano Ramos –intelectual, escritor, político-, recién salido de un encarcelamiento injustificado dispuesto por el gobierno de Gétulio Vargas, escribe en su diario, “Não sinto meu corpo”, y agrega “Não quero senti-lo por agora. Só permito a mim existir, hoje, enquanto consistência de palavras”. Se construye así una relación entre palabra, cuerpo y sufrimiento.
Las palabras y la escritura, en este caso, aparecen no para dar cuenta del sufrimiento, no para describir sus detalles y sus ínfimas variaciones, no para relatarnos su desarrollo, su crescendo, sino por el contrario, la escritura existe como conjuro contra el sufrimiento, como barrera que se interpone contra el dolor, como aplazamiento de eso que amenaza con invadir la vida y la subjetividad: “Escrevo para não deixar que o meu corpo doente e masacrado existam, prosiga, influa, direccione, convença-me finalmente da sua importancia e da sua riqueza para mim” (1981: 28). Por ello, puede decirse que en esos dos enunciados iniciales el relato cifra una trayectoria y un objetivo: recuperar un cuerpo de las marcas carcelarias y en consecuencia construir un modelo de militante que trascienda la memoria del dolor y del martirio: “Quando o mártir passa a ser exemplo, não o é da pujança inicial (repito), mas da derrota final. Cria-se assim uma mentalidade derrotista nos que se inspiram pelos atos da sua vida”(1981: 184); “Os mártires políticos são semelhantes a essas imagens sofridas que aparecem nos ‘santinhos’, distribuídos às crianças no catecismo” (1981: 184).
¿De dónde surge la condición de mártir que el Graciliano de Silviano Santiago atribuye a la actividad política? Surge de los modos de escribir la historia, del memorialismo, de las historias oficiales, del testimonialismo. Sobre ellos y contra ellos trabaja la ficción de Silviano Santiago. El gesto de Graciliano –y el de Silviano Santiago como autor de la novela- resulta significativo puesto que uno de los caminos de la literatura brasileña de la segunda mitad de los setenta y comienzos de los ochenta, como señaló el crítico Davi Arrigucci Jr., estuvo constituido por un registro alegórico y/o paraperiodístico (1979) 1 que buscó producir un relato sobre el período más represivo de la dictadura que gobernaba el país desde la década anterior. Flora Süssekind definió esa emergencia como una función compensatoria de la literatura, que habría ofrecido la información que la prensa no había podido o no había querido dar y habría permitido una catarsis en el lector arrepentido de su pasividad o de su apoyo a la dictadura. Son las minucias del horror lo que busca el lector, narradas “en cámara lenta”, tal como hace Renato Tapajós en su novela Em câmara lenta.
Los aparatos represivos del Estado
En este contexto la novela de Silviano Santiago trabaja con la decepción del lector. El anticlímax de Em Liberdade se establece a partir de varios contrapuntos: frente a la narración de la experiencia carcelaria y las sesiones de tortura de otros relatos, el texto de Silviano se detiene en los primeros meses en libertad de Graciliano; frente a los testimonios del pasado reciente la narración se remonta al año 37, año en que Graciliano recuperó su libertad; frente al imperativo confesional, Em Liberdade se presenta como el diario íntimo de Graciliano Ramos escrito por Silviano Santiago.
Las minucias del horror o la estética de la abyección, por utilizar las definiciones acuñadas por Flora Süssekind e Idelber Avelar, emergían como el resultado de lo que la política y los aparatos represivos del Estado habían realizado sobre los cuerpos de los activistas políticos, de los artistas considerados disidentes y en general de todo aquel que la dictadura creyó peligroso. Recordemos, para dar dos ejemplos de textos producidos en aquellos años, los comienzos de O que é isso companheiro? de Fernando Gabeira, y Em Câmara Lenta de Renato Tapajos.
“Irrazabal chama-se a rua por onde caminhávamos em setembro. É um nome inesquecível porque jamais conseguimos pronunciá-lo corretamente em espanhol e porque foi ali, pela primeira vez, que vimos passar um caminhão cheio de cadáveres”. (1996 [1979]: 9) 2
“Se a dor vier e rasgar o corpo de cima a baixo é um alívio: a corda vibrando até o ponto de romper, os ossos latejando como se tivessem vida própria, os mortos aqui ao lado, no banco de trás, em toda a rua, todos os mortos reunidos num só corpo, aquele corpo”. (1979 [1977]: 14) 3
El mismo tipo de registro podríamos encontrar en Tempo de ameaça (autobiografía de um exilado) o Cadeia para os mortos de Rodolfo Konder. Sin embargo, ¿no deberíamos intentar observar en aquellos relatos algo más que un testimonio?, o dicho de otro modo, ¿el testimonio no sería también un modo de ajustar cuentas con el pasado? Teniendo en cuenta que muchos de estos autores fueron militantes políticos, deberíamos agregar que al deseo del lector de conocer lo que la prensa había obturado –la función compensatoria de la literatura-, los autores se proponían reflexionar sobre el periodo más represivo de la dictadura, sobre el significado de su militancia política y sobre la opción armada que, en algunos casos, había acompañado esa militancia, y sobre los modos de enfrentar el futuro político del país, encaminado en aquellos años en un proceso de reapertura democrática. Esa voluntad es perceptible en la nota inicial “O autor por ele mesmo” que escribe Renato Tapajos, antes de comenzar Em Câmara Lenta:
“O romance é uma reflexão sobre os acontecimentos políticos que marcaram o país entre 1964 e 1973 e, mais particularmente, entre 1968 e 1973. Seu aspecto é a discussão em torno da guerrilha urbana que eclodiu nesse período, em torno da militância política dentro das condições dadas pela época. É uma reflexão emocionada porque tenta captar a tensão, o clima, as esperanças imensas, o ódio e o desespero que marcaram essa extrema tentativa política que foi a guerrilha” (1979 [1977]: 12) 4
Respecto del conjunto de estas cuestiones, principalmente de esta última que compromete el uso de la violencia como medio de transformación social y política Em Liberdade no sería apenas una novela contraclimática, sino una narración que marca con su singularidad el escenario cultural en el que emerge. En efecto, el texto de Silviano Santiago parte de un hecho real y concreto –el encarcelamiento del escritor Graciliano Ramos durante diez meses en 1936- no sólo para construir una reflexión sobre la experiencia política reciente, no sólo para denunciar los modelos martirológicos que están funcionando en determinadas narraciones históricas, sino, y esto tal vez sea lo más importante, para imaginar un nuevo discurso militante que prescinda de todo relato derrotista –y aquí la figura del mártir jugará un papel esencial pues da voz a una suerte de regodeo en la derrota- como también del voluntarismo y del triunfalismo.5 Para ello, Silviano se vale de la reescritura que Graciliano hace de la muerte de uno de los líderes de la Inconfidência Mineira –primer intento separatista brasileño de la corona portuguesa- y a través de esa reescritura, que propone que el suicidio de Da Costa fue en verdad un asesinato6 , cita la muerte, presentada también como suicidio, del periodista Vladimir Herzog, asesinado por la dictadura militar en 1975. 7
De este modo, Silviano Santiago construye una narración testimonial en la que conviven, de manera encadenada, tres temporalidades: la voz de un novelista -canónico para el nuevo regionalismo de los años treinta y para la literatura brasileña del siglo XX- que se niega a narrar su reciente experiencia carcelaria y rescribe, modificando radicalmente, la suerte del líder de la Inconfidencia Mineira y, fusionada con esa narración, la referencia oblicua a Vladimir Herzog. Aparecen ante nuestros ojos el siglo XVIII bajo la arbitrariedad portuguesa, las tropelías del Estado Novo durante los años treinta y la posterior y brutal represión de una de las dictaduras latinoamericanas más duraderas de la segunda mitad del siglo XX. Las tres temporalidades se unen en el espacio de la ficción para intervenir en la distenção de comienzos de los años ochenta.
Observemos, a fin de proseguir, un detalle no siempre lo suficientemente enfatizado. Graciliano se niega a narrar su experiencia carcelaria y sin embargo en su diario leemos dos acontecimientos carcelarios, el de Cláudio Manuel da Costa y el de Vladimir Herzog. Esta aparente contradicción en verdad se debe a una estrategia narrativa. Graciliano necesita negarse a narrar su experiencia en la cárcel para convertirse él mismo en un intelectual militante capaz de hacer funcionar su militancia por fuera de las coordenadas clásicas que la cárcel implicaría. Sin embargo, Graciliano necesita de la cárcel por al menos dos motivos: para no dejar de remarcar que en la cárcel brasileña uno puede ser asesinado, pero también para resignificar su lugar –de la cárcel, el de la derrota- en la militancia política. “Toda e qualquer luta política que se repousa sobre a prisão e o ressentimento conduz a nada, no máximo a uma ideologia de crucificados e mártires, que terminam por serem os fracasados heróis da causa” (1981: 59). En esta cita Graciliano no nos está diciendo que en el horizonte de la lucha política se deba excluir la posibilidad de la cárcel, sino que la experiencia carcelaria no engrandece. No hay uso político posible para la cárcel. Pero si la cárcel no engrandece ¿qué es la experiencia carcelaria? –tengamos en cuenta que el autor Graciliano Ramos escribió dos gruesos volúmenes sobre su experiencia carcelaria. Si se pretende escapar de la martirología, la experiencia carcelaria debería ser expresada como el resultado de unas condiciones materiales adversas, en otras palabras, como una derrota política. De lo contrario, lo que sobreviene es el mártir que sólo triunfa en el fracaso o tal vez, aun peor, un proceso de desubjetivación producto del maltrato de la institución y de la lástima de los visitantes. 8
Los cuerpos de Graciliano
Quiero retomar ahora y en detalle las primeras frases que Graciliano escribe el 14 de enero de 1937, un día después de haber recuperado la libertad. En esas frases surge un primer indicio de la relación que Graciliano pretende establecer con su cuerpo –figura clave para escapar de la tentación martirológica-, lo que le va a exigir y el sentido de esa exigencia. En la primera frase entonces leemos, “Não sinto o meu corpo”, y en la siguiente, “Não quero senti-lo por enquanto”. ¿Cómo debemos interpretar esta segunda frase? ¿cómo una refutación de la primera? ¿Afirmando no querer sentir su cuerpo, Graciliano nos dice que efectivamente lo siente pero su voluntad y su decisión buscan no sentirlo? La respuesta surgirá un poco más adelante, en la misma entrada del diario, cuando Graciliano escriba las mismas frases pero completándolas con: “Não quero sentir o meu corpo agora, porque é pura fonte de sufrimento”. Es decir, Graciliano siente un cuerpo pero no su cuerpo. Siente un cuerpo que ha sido sometido al encierro, siente un cuerpo que sufre y decide, por lo tanto, no reconocer como propio ese sufrimiento.
Graciliano no se apropia del sufrimiento que le ha sido impuesto y decide no querer sentir su cuerpo. De modo tal que entre el primer y el segundo enunciado aparecen dos cuerpos. “Não sinto meu corpo”, refiere a un cuerpo otro, a un cuerpo anterior al encierro y a un cuerpo que deberá aparecer si en verdad quiere liberarse de la cárcel y del encierro. Y luego está el otro, el que no quiere sentir, el cuerpo supliciado que le pesa, que todos ven, que todos parecen querer cuidar, y por lo tanto perpetuar. Las entradas del diario van mostrando una aparición temblorosa y frágil de aquel otro cuerpo anterior a la experiencia carcelaria, como cuando Graciliano va a la playa con su mujer Heloisa y al sentir el sol sobre sus ojos anuncia: “por enquanto tateamos um ao outro no nosso primeiro contato” (1981: 38). La visión pero también el olfato se hacen presentes en esa expedición: “sentia o cheiro agridoce do mar” (1981: 38).
Se trata de ver, oír y oler pero siempre tomado del brazo de Heloisa. La entrada decisiva para la recuperación del cuerpo, sin embargo, se da pocos días después de esa expedición cuando Graciliano decide ir caminando y solo a la playa de Botafogo. Allí se le aparece frente una joven de veinte años. Luego de decidirse a seguirla, Graciliano reflexiona: “Fazia-me sentir como se fosse um animal alado. Uma ave de rapina sobrevoando a presa, deixando-se dominar pelo instinto de posse” (94), para concluir que “Andando de membro duro pela praia de Botafogo, sentia-me finalmente em liberdade”(95). Observemos no sólo su deseo sexual sino la identificación con un animal alado, más exactamente con ave de rapiña y por fin el enunciado que da título a la novela: em liberdade. Ahora bien, ¿recuperar el cuerpo sería recuperar el deseo sexual? No únicamente, recuperar el cuerpo sería más bien recuperar la pasión, “Encontrei a paixão como meta da minha situação significativa no mundo. Paixão em todas as direções e por todos os lados. Saber que o meu corpo se deixa atrair por tudo o que me cerca no cotidiano” (1981: 72). Recuperar el cuerpo implica rechazar toda idea de predestinación puesto que esta “reduz sua força e energia à meiguice e obediência do cordero” (1981: 64), para reinscribirlo en el dominio de lo terrenal. La pulsión martirológica exige, por el contrario, un cuerpo dispuesto al sacrificio, la creencia en un destino ultraterreno y trascendente. “Ousamos a vida, porque é dela que se extraem os prazeres mais voluptuosos do corpo”(1981: 148). En clave nietzscheana, Graciliano se pronuncia contra la obediencia del cordero y a favor de la libertad del ave de rapiña. La forma “diario” contribuye a ese objetivo. A diferencia de la memoria, que se reconstruye de modo retrospectivo y se autopresenta como una totalidad de sentido, el diario íntimo esta sujeto a la digresión permanente.
Luego de aquel episodio –cuatro días después- Graciliano vuelve a escribir literatura. En efecto, entre el 26 y el 31 de enero escribe un libro para niños. Es la antesala de su proyecto de reescritura sobre el episodio de la Inconfidência mineira protagonizado por Cláudio Manuel da Costa. Por ello, es claro que Graciliano no comienza a vivir su condición de liberado a partir de la narración que hace de Manuel da Costa, sino que dado que ha comenzado a liberarse es que puede emprender su proyecto literario que, por cierto, completa el trayecto iniciado en cuerpo.
¿Cuánto importan los cuerpos?
El cuerpo, ha sostenido Michel Foucault, siempre es un cuerpo impregnado de historia y la historia, como sabemos, es la destructora del cuerpo, encargada de transformarlo en un objeto dócil y utilitario.9 El Gracialiano de Em liberdade parece comprender que la primera de las batallas políticas, en el siglo XX, se libra en el propio cuerpo, lo cual dota a la novela de Silviano Santiago de una actualidad sorprendente. A las imágenes de la debilidad, la fragilidad, el dolor y el sufrimiento que invaden cuerpo y subjetividad les contrapone las de la vitalidad, representadas a través de las figuras de los animales con los que se identifica: el ave de rapiña y, posteriormente, el león colérico.
Para una nueva política y una nueva militancia se necesita un nuevo cuerpo, nos dicen Graciliano Ramos y Silviano Santiago. Un cuerpo que no descanse en los modelos cristianos del dolor y de la crucifixión, un cuerpo que no construya su triunfo en el fracaso, sino uno que abreve en la voluntad de poder, en las figuraciones de los animales salvajes. No se trata, sin embargo, como se podría pensar, de una utopía del cuerpo, como la que por ejemplo está proponiendo João Gilberto Noll en otra novela publicada también en 1981, A furia do corpo. El cuerpo sólo no alcanza, no hay una política del cuerpo, sino una política que requiere de un cuerpo pero también de una razón vigilante y escrutadora.
El militante de Silviano Santiago no es el hippie reciente de los años setenta, ni el cuerpo sin órganos deleuziano, ni nos propone, al menos no aquí, en esta novela, una experiencia de la transgresión según un modelo batailleano. No hay comunidad en Em liberdade ni devenir minoritario, sino una voluntad de intervenir en la nación, en el Estado, en el futuro de esa democracia como promesa que está por arribar a Brasil. Por ello, Cláudio Manuel da Costa muere. Graciliano lo saca del lugar del mártir pero no lo salva de la muerte. Por ello la referencia al reciente crimen del periodista Vladimir Herzog. Salir de la condición de mártir no implica ninguna garantía de triunfo. No se trata de un relato eufórico puesto que no hay un afuera del espacio público constituido por las instituciones estatales. Ni tampoco un discurso cordial como lo sería el de José Lins do Rego. Lo que hay es una plena conciencia de las condiciones materiales de producción en el Brasil de los años treinta, con sus posibilidades de éxito y de fracaso.
La construcción encajonada de relatos –Cláudio Manuel da Costa, Graciliano Ramos, Vladimir Herzog- permite a Em liberdade disputar los sentidos en circulación sobre la militancia política de los setenta. Desnuda el cúmulo de fracasos sobre los que se asienta la historia brasileña y al mismo tiempo los rescribe, repitiéndolos los modifica encontrando en ellos una potencialidad revolucionaria por fuera de las coordenadas martirológicas. Esta operación pretende desalentar toda lectura que acuda a dicha coordenada en el caso Herzog, que es tomado como emblema del presente de la novela. Desactivada la farsa del suicidio, puesta en circulación por los militares, Herzog y también Cláudio Manuel da Costa, emergen del relato como víctimas de un juego de fuerzas que les es adverso. Su condición de víctimas, sin embargo, no es auroleada por el relato de la inocencia. La víctima política escapa así tanto de la condición de inocente como de la de mártir, y recupera, de este modo, el estatus de militante.
No hay, sin embargo, un fundamento mesiánico en la intervención de Silviano al escribir Em liberdade –como si lo propone la lectura de Idelber Avelar- ni en la de Graciliano al escribir el relato de Cláudio Manuel da Costa. La intervención historiográfica, aunque es un primer paso, no va a cambiar nada por sí misma. Ni en la reescritura de la historia de Cláudio Manuel da Costa ni en su apreciación sobre el futuro hay lugar para el optimismo. Si aun debiéramos adicionar una nueva caracterización para este discurso militante por fuera de la martirología, esta sería, precisamente, que se intenta evitar las trampas de la fe. La última entrada del diario así lo atestigua: “Fui buscar Heloisa hoje no casi. Veio com as nossas duas filhas menores. Não sei como vamos todos a caber no exíguo quarto da pensão” (1981: 235).
No se debería abusar, por lo tanto, con una lectura benjamineana de la novela. El epígrafe inicial firmado por Adorno constituye un alerta: nadie menos voluntarista que Adorno para pensar las dificultades de una transformación social. Lo potencialidad revolucionaria, en el caso de Cláudio Manuel da Costa, en el caso de Graciliano, en el caso de Herzog, se enfrenta a condiciones materiales y a fuerzas productivas que sólo una militancia organizada y vigilante sobre las fuerzas a las que se enfrenta puede modificar. Ello sin duda no obtura al individuo, que tal como señala Adorno, osa protestar frente a lo indecible, pero lo condiciona a interactuar con otros y a esclarecerse continuamente acerca de las condiciones con las cuales debe lidiar. Como el trapecista que Graciliano recuerda en su entrada al diario del 15 de febrero, el individuo, construyendo un equilibrio siempre inestable, debe ser una mezcla de tigre y de gato, de animal salvaje y doméstico.
Con la distenção en marcha, con una democracia como promesa inminente, con nuevos partidos políticos constituyéndose, se abría una nueva brecha para el Brasil de los años ochenta. Sobre esa mínima fisura, que conllevaba como en el pasado la posibilidad del desastre y la derrota, se construye Em liberdade.
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Bibliografía
-Arrigucci, Davi (1979) Ficção em debate e Outros Temas, San Pablo, Duas Cidades.
-Avelar, Idelber (2000) Alegorías de la derrota: La ficción postdictatorial y el trabajo del duelo, Chile, Editorial Cuarto Propio.
-Foucault, Michel (1991). “Nietzsche, la genealogía, la historia” in Microfísica del Poder, Madrid, Ediciones de la Piqueta, 1991.
-Gabeira, Fernando (1996) [1979]. O que é isso companheiro. San Pablo: Companhia das Letras.
-Santiago, Silviano (1981). Em liberdade, Río de Janeiro, Paz e Terra.
-Tapajos, Renato (1979) [1977]. Em camâra lenta, San Pablo, Editora Alfa Omega.
Notas
[1] Sostiene Arrigucci: “Eu acho o seguinte: na ficção de setenta para cá apareceu uma tendência muito forte, um desejo muito forte de voltar à literatura mimética, de fazer uma literatura próxima do realismo, quer dizer, que leve em conta a verossimilhança realista. E com um lastro muito forte de documento. Portanto, dentro da tradição geral do romance brasileiro, desde as origens”, in Ficção em debate e Outros Temas. San Pablo: Duas Cidades, 1979, p. 135.
[2] In San Pablo: Companhia das Letras, 1996, p. 9. El libro fue editado originalmente en 1979.
[3] In San Pablo: Editora Alfa Omega, 1979, p. 14. El libro fue editado originalmente en 1977. Podríamos agregar también a: Cadeia para os mortos de Rodolfo Konder (1977) y Os carbonários, de Alfredo Sirkis (1980).
[4] Ibíd., p. 12
[5] Un dato no siempre tenido en cuenta es que Em liberdade narra la experiencia carcelaria de Cláudio Manuel da Costa, uno de los líderes de lo que se conoció como la “Inconfidencia Mineira”.
[6] La historiografía brasileña aun debate si la muerte de Cláudio Manuel da Costa fue asesinato o suicidio, aunque el relato oficial lo presenta como suicidio.
[7] Herzog fue periodista, profesor universitario y dramaturgo. Militante de la resistencia comunista durante los años setenta. En octubre de 1975 fue encarcelado, torturado y asesinado por la dictadura militar que gobernaba el país en ese momento. Su muerte, presentada primero como un absurdo suicidio y luego develada como un asesinato, produjo una profunda movilización social y una fuerte crisis en el interior de la dictadura, dividida en ese momento entre aquellos que buscaban el regreso –lento y gradual- a la democracia y aquellos que pretendían continuar con el régimen.
[8] La persona biográfica de Graciliano Ramos, como ya advertimos, fue encarcelada por el gobierno de Gétulio Vargas durante diez meses a partir de marzo de 1936. El autor Graciliano Ramos escribió un extenso texto –editado originalmente en cuatro volúmenes- sobre su experiencia carcelaria, publicado sólo de manera póstuma a partir de 1953. Idelber Avelar propone Em liberdade de Silviano Santiago como el “inconsciente” de Memórias da Cárcere de Graciliano Ramos. Dicha afirmación es compleja pues transforma Em liberdade en una suerte de contradiscurso de Memórias da Cárcere. Si se tiene en cuenta la objetividad del testimonio de Graciliano Ramos –objetividad que atenta contra la tentación de transformar al sujeto narrador en un mártir- y la ausencia de una lectura política en la narración de aquella experiencia, la novela de Silviano Santiago no sería el inconsciente de Memórias da Cárcere, sino más bien una actualización –diferenciada- de aquella, cuyo objetivo consiste en intervenir sobre el presente político de la enunciación y con ello, sobre el pasado y sobre el futuro.
[9] Me refiero concretamente a su texto “Nietzsche, la genealogía, la historia”, publicado en Microfísica del poder. Madrid: Ediciones de la Piqueta, 1991.

