Links e observações na área de interesse da revista: poesia, cultura, literatura, tudo.

 

BATE-PRONTO
(volta)

BATE-PRONTO
Materiais inéditos e, também, polêmica e desobediência. Novelties and polemics, controversy and disobedience.

 

CATALUÑA: CARTA NO NACIONALISTA
Rolando Sánchez Mejias y editores de Sibila

Pós-epígrafe:

Contra todos os importadores de consciência enlatada

Oswald de Andrade
Manifesto Antropofágico, 1928

1-¿Hacia dónde avanza el nacionalismo catalán?  La pregunta, por supuesto, puede hacerse extensiva a otros nacionalismos y a su significado en las sociedades modernas. Al uso político de unos presuntos “valores de identidad” en tanto “pequeña realidad” alrededor de la cual la sociedad debería “contraerse”, suprimiendo de forma coercitiva las diferencias —ya en sí mismas modernas y complejas—, en nombre de una igualmente presunta homogeneidad de origen.

2-El nacionalismo catalán se articula hoy a través de una violencia más o menos solapada, que opera institucionalmente revestida de “buenas maneras”  y apoyándose en una historia de “exclusión” y “renacimiento” para proteger presuntos “valores de identidad o etno-históricos”. A lo cual se añade un reciente nacionalismo más radical, que basa en la agresividad hacia los valores y las normas democráticas su política de exclusiones.

3-Pero la sociedad catalana no es sólo multilingüe. No se trata sólo -ni en primer lugar- del lenguaje. Demasiadas variables culturales confluyen actualmente en Cataluña como para que una minoría intente promover un colapso identitario. El nacionalismo no acaba de entender que la aplicación de una lengua no convierte al hablante en la identidad que esa lengua cree reproducir. Ni quiere entender que dicho esfuerzo por parametrar las operaciones lingüísticas no resuelve ni resolverá jamás el complejo problema de las identidades en el mundo moderno. Por otra parte, a partir de tales instrumentaciones –habría que sumar que el entramado institucional catalán, con el dinero público de contribuyentes bilingües-, sólo apoya proyectos, acontecimientos y políticas culturales enmarcadas dentro de la lengua catalana-, se crean fracturas innecesarias entre lenguas y culturas que hasta ahora han logrado crear vínculos y armonías saludables.

4-Hoy, en Cataluña, el entramado político, cultural y educacional ejerce una política francamente totalitaria. La reciente Feria de Frankfurt —donde la literatura catalana es el invitado especial— resulta un ejemplo de cómo puede manifestarse una opción totalitaria desde una sociedad democrática. De cómo se pueden manipular los nombres y las realidades culturales. De cómo el nacionalismo puede quebrar la complejidad de una literatura y reordenarla según gustos y mecanismos que no emanan de la complejidad y riqueza de esa misma literatura. Y de cómo la injerencia de los grupos políticos en el campo libre de la creación y la cultura no es sólo una gesticulación ridícula, sino también desestabilizadora y destructiva para la cultura en general y el equilibro social de una sociedad perfectamente bilingüe.

5-Podría pensarse que la reciente expulsión de una escritora latinoamericana de la emisora Radio Cataluña por no hablar en catalán es un acto extremo. Pero lo cierto es que hoy muchas instituciones catalanas practican hoy políticas despóticas contra los hablantes en castellano a todos los niveles de la sociedad. En Cataluña se reproducen modelos de control lingüísticos en todos los ámbitos —en las aulas, en las universidades, en las oficinas de cultura, en el comercio—, que, junto a las leyes y normas que éstos aprueban  y ponen en práctica, conforman una realidad institucional amenazante. No sólo el sistema de normas y reglamentaciones es quien crea el contexto social totalitario. El “miedo” y la “culpabilidad” son dos emblemas que se usan para ejercer presión sobre los hablantes en castellano. El miedo a ser excluido. La culpabilidad de pertenecer a una lengua “imperial”.

6-¿Qué le esperara a Cataluña si se produce una “desagregación” de España?  Los actuales síntomas puede leerse como el preludio de un futuro inquietante, pues la dinámica de una sociedad democrática, que rebasa el reduccionismo identitario, se vería gravemente comprometida por regresiones delirantes sustentadas en valores parciales como la lengua. Regresiones que, en el fondo,  no esconden sino el juego siniestro de unos poderes que no tienen nada que ver con la libertad esencial de la cultura.

NON-NATIONALIST LETTER 

1-Where is Catalan nationalism headed to? The question, of course, can be asked as well of other nationalisms and their meaning in modern societies. What is the political use of alleged "identity values" as a "small reality" around which society should "contract," suppressing differences (which are modern and complex) through coercion and in the name of an equally alleged homogeneity of origins? 

2-Catalan nationalism is articulated today through a more or less tolerated violence that operates institutionally under the guise of "politeness" and finds its support in a history of "exclusion" and "rebirth" in order to protect so-called "identity or ethno-historic values." To this we may add a recent, more radical nationalism that bases its politics of exclusion on an assault on democratic values and norms. 

3-But Catalan society is not only multilingual. This is not only—or foremost—a question of language. There are just too many cultural variables which currently converge in Cataluña to make it possible for a minority to promote an identity collapse. Nationalism and its supporters don't understand that the use of a language does not produce in the speaker the identity that language believes to be reproducing. Nor do they want to understand that the effort to monitor linguistic operations does not solve (and never will) the complex problem of identities in the modern world. On the other hand, such maneuverings—among which are the workings of Catalan institutions which use public money levied from bilingual taxpayers to promote only those projects, events, and cultural policies framed around the use of the Catalan language—only create unnecessary fractures among languages and cultures, which to this day have only had harmony and healthy ties. 

4-Today in Cataluña, political, cultural, and educational institutions exercise an overtly totalitarian policy. The recent Frankfurt Book Fair—where Catalan literature was the guest of honor—is an example of how a totalitarian  stance can project itself from within a democratic society; how names and cultural realities can be manipulated; how nationalism can break down the complexity of a literature and reorganize it according to tastes and mechanisms which do not stem from the complexity and richness of that very literature; how the pressure of political groups in the open field of creation and culture is not simply a ridiculous gesture but also a destabilizing and destructive one for culture in general and for the social equilibrium of a perfectly bilingual society. 

5-One could think that the recent expulsion of a Latin American writer from Radio Cataluña for not speaking in Catalan is an extreme reaction. But the fact of the matter is that today many Catalan institutions exercise despotic policies against Spanish speakers on all levels of society. In Cataluña, linguistic control is exercised at all levels—in schools, in universities, in cultural institutions, in business--, which, along with the laws and norms it approves and puts into practice, create a threatening institutional reality. Not only does the system of norms and regulations create a totalitarian social context. Feelings of "fear" and "guilt" are two emblems used to exercise pressure on Spanish speakers. The fear of being excluded. The guilt of belonging to an "imperial" language. 

6-What awaits Cataluña if it "disaggregates" from Spain? The current symptoms can be read as the prelude of an ominous future, because the dynamics of democratic society, which surpasses identity reductionism, would be seriously compromised by the delirious regressions supported by partial values such as language. These are regressions that, deep down, conceal only a sinister power game that has nothing to do with the essential freedoms of culture 

Firmas escritores residentes en cataluña que suscriben la carta

Rolando Sánchez Mejías (escritor cubano)
Rogelio Saunders (escritor cubano)
Radamés Molina (escritor cubano)
Ernesto Hernández Busto (escritor cubano)
Leonardo Valencia (escritor ecuatoriano)
Pedro Marqués de Armas (escritor cubano)
Ginés Gorriz (escritor cubano)
Ana Nuño (escritora catalana de origen venezolano)

Firmas de apoyo de otros paises

Régis Bonvicino (escritor brasileño)
Charles Bernstein (escritor norteamericano, en Nueva York)
Odile Cisneros (traductora y escritora mexicana/norteamericana, en Edmonton, Canada)
Idalia Morejón (escritora cubana residente en São Paulo, Brasil)
Xavier Pericay (escritor de origen catalán)
Antonio José Ponte (escritor cubano en Madrid)
Arcadi Espada (escritor catalán en Cataluña)
Carlos Aguilera (escritor cubano en Alemania)
Alfredo Fressia (escritor uruguayo residente en São Paulo, Brasil)
Gabriel Bernal Granados (escritor mexicano)
David Bustos (escritor chileno)
Anibal Cristobo (escritor argentino residente en Barcelona)
Luis Dolhnikoff (escritor brasileño)
José Prats Sariol (escritor cubano en México)
José Eduardo Barros (psicoanalista y fotógrafo brasileño)
Jorge Luis Arcos (escritor cubano residente en Madrid)
Jorge A. Pomar (traductor y escritor cubano residente en Alemania)
Efraín Rodríguez Santana (escritor cubano residente en São Paulo, Brasil, y en La Havana)
Jose Iraola (artista plástico cubano residente en Miami)
L.Santiago Méndez Alpízar (escritor cubano residente en Madrid)
Javier (Azúcar) Iglesias (escritor cubano residente en Brasília, Brasil)
Solange Rebuzzi (psicoanalista y escritora brasileña)
Armando Pinto (escritor mexicano en México)
Iván Garcia López (escritor mexicano)
Fabiano Calixto (escritor brasileño)
Marcelo Flores (escritor brasileño)
Josely Vianna Baptista (escritora y traductora brasileña)
Julio Moracén Naranjo (escritor y antropólogo cubano)
Willy Gómez Migliaro (escritor peruano)
Renata Pallottini (escritora brasileña)
Wilson Bueno (escritor brasileño)
Amir Valle (escritor cubano residente en Alemania)
Jayro Schmidt (artista plástico y escritor brasileño)
Antonio Moura (escritor brasileño)
Michel Suárez (escritor cubano en Madrid)
Silvana Guimarães (socióloga y escritora brasileña)
Daniel Terceros (periodista español)
Stanislav Skoda (periodista y editor, en Praga)
Félix Ovejero (escritor y profesor catalán en Cataluña)
Iván Humanes (escritor catalán en Barcelona)
Francesc de Carreras (escritor y catedrático catalán en Barcelona)
Lygia Maria Rocha (periodista brasileña, de la TV de la Pontifícia Universidade Católica de São Paulo)
Manuel Pereira (escritor cubano en México)
Hugo Gola (escritor argentino en México)
Martha Block (artista plástica mexicana)
José Luis Bobadilla (escritor mexicano)
Ricardo Bada (escritor español residente en Alemania)
Teresa Gimenez Barbat (escritora española residente en Cataluña)
Alfonso D´Aquino (escritor mexicano)
Carlos Alberto Montaner (político cubano de la oposición, vive en Madrid)
Eduardo Espina (escritor uruguayo, residente en Austin, Texas)
Gervais Jassaud (Artista plástico francés, en Paris)
Marjorie Perloff (ensayista norteamericana en Los Angeles)
Paal Bjelke Andersen (escritor noruego, Editor de Nypoesi)
Lourdes Vazquez (escritora puertorriquena viviendo en Nueva York)
Dominique Fourcade (escritor francés en Paris)
Javier Campos (escritor chileno en EE.UU)

 

Leia 12 poetas catalães

 

La cultura española no puede entenderse sin el castellano, el catalán, el gallego y el euskera, ni la cultura catalana, gallega o vasca pueden entenderse sin el castellano. Juanko Pon, en El País http://elpais.com/.

 

Pontevedra, 4 de novembro de 2007
Sr. Régis Bonvicino

Benquerido Régis Bonvicino:

Acabo de ler en Sibila as miñas dúas cartas. Esperaba unicamente achar a primeira, non a segunda. Mais agora xa foi. O caso é que estoutra escribina co fin de me presentar ao home e poeta, non ao director. É por iso polo que nela me refiro a Antonio Domínguez, pois sabía das súas relacións con el. Se eu previr a súa publicación, había evitar o nome do Antonio. Somos amigos; mais non compartimos todas as ideas e ideais. De por parte, corrixiría os erros que cometín ao tentar de a escribir en portugués espontaneamente e nun momento. Tan de présa que nin sequera busquei o til de nasalidade e substituíno polo circunflexo, para abreviar. Porén, como dixen, agora feito está e non me queixo.

O que quero é responderlle cun pouco vagar tres preguntas que me fai na resposta á segunda. Lembre, estas eran: o que tiraron dos galegos, se foi Franco, se o que queremos e facer unha ex-España semellábel á ex-Iugoslavia.

Do teor das miñas cartas ben se pode entender o que eu, e moitos outros galegos, coidamos que nos subtraeron. Foron moitas cousas, certamente. Porén, a máis importante desde o punto de vista no que me situaba, o cultural, foi a posibilidade de seguirmos desenvolvendo a cultura, lingua e literatura de noso, na que conseguiramos un lugar no mundo entre os séculos XII e XIV, parte dese tempo formando un só corpo co condado de Portugal, a outra parte, mesmo xa separados no político, constituíndomos aínda unha soa literatura. Nós aí ficamos. A influencia que ata entón os galegos exerceran na metade occidental da Península volveuse contra eles. A partir de entón fomos os influídos, mellor dito, os silenciados, e minorados en moitos aspectos –políticos, económicos, sociais... –; o que, porén, máis nos doe aos “clercs” é o referente á palabra. Mentres Cataluña, Castela e Portugal descubrían as novas vías do Renacemento, Galiza durmía xa os “Séculos Escuros”, que foron catro ben cumpridos. Aínda hoxe a literatura galega anda en procura do seu Renacemento. Será porque “natura non facit saltus”, remanece aí un baleiro inmenso e que non se dá cuberto a pesar dos grandes logros de Rosalía nos resíos do romantismo, para pór o exemplo máis notorio, e dos contributos doutros bos escritores de noso como Cunqueiro, Castelao...

Franco non foi senón máis un elo da cadea, simplemente. O peor da súa ditadura foi que veu truncar o momento quizais máis interesante e prometedor do rexurdir da  cultura galega. De por parte, nesa longa secuencia de anos mudou moito a nosa sociedade, case que deu o salto dos modos de vida “medievais” aos modernos, pois entre nós estes foran ata hai uns corenta anos case descoñecidos. Este cambio fondo fíxose en castelán e contra o galego. A recuperación conquistada tras a ditadura é máis aparencia do que realidade. Practicamente, afecta moi parcial e superficialmente ás persoas e ás institucións. Non  crean nunca o contrario: aquí a única marxinada foi e segue a ser a lingua-cultura-literatura galega, ela é a verdadeiramente excluída, as leis que a protexen cúmprense mentidamente ou búrlanse descarada e impunemente. Non saben que –dito polo profesor Antón Santamarina, da Univ. de Santiago– neste país é case imposíbel sacar adiante un fillo galegofalante? Agora, cando hai tímidas, moi tímidas tentativas de tomar en serio a  promoción da nosa lingua, é cando certas voces se erguen berrando que os perseguen e exclúen. Son os que veñen dominando e  resístense a perder os privilexios. O concepto sociolingüístico de “conflito lingüístico” non foi ideado para describir a nosa realidade, mais é o certo que en ningures allur se podería verificar mellor o paradigma. Un grande amigo meu, de aquí, coñece ben Cataluña e dime que alí, mutatis mutandis –eles teñen outra forza e unha historia menos triste como pobo– e en menor medida, sucede algo semellante. Eu tanto xa non lle sei.

Preguntábame tamén se o que queremos é facer de España unha ex-España, algo así como fixeran os países da ex-Iugoslavia. A resposta é non,  clariña e rotundísima. O nacionalismo galego –cústame recoñecerme nacionalista, por iso lle dixen que son galeguista– canxa ben co universalismo, máis aínda, é esencialmente universalista; moito máis universalista do que aquel outro nacionalismo –o españolista– do que se pretende defender. O que queremos, pois logo? Castelao falou do ideal dunha confederación de pobos ibéricos, na que pensaba que podía e debía entrar Portugal. Nunha unión supranacional ibérica coma esa, na que Portugal puidese entrar e permanecer sen os vellos nin novos temores, aí podiamos acharnos a pracer todos os pobos e individuos humanos que ocupamos esta península. E logo está a Unión Europea para acollernos a todos. Non sei o que ten isto de mao. Non queremos excluír, senón que non nos exclúan.

Cos meus mellores desexos,
Xesús Portas Ferro

 

Estimado poeta: Recibo con moito gusto estes envíos.
Gustaríame indicarlle, aínda de xeito privado, que non estou de acordo cos contidos desa "carta non nacionalista sobre Cataluña" que anda dando voltas pola revista. As cousas non son así, e dillo quen é boa coñecedora da situación lingüística e cultural de Cataluña e tamén da de Galicia e sabe das grandes dificultades que teñen as culturas minorizadas para subsistir e garantir a súa supervivencia como un ben da humanidade.
Un cordial saúdo,

Helena Villar Janeiro

 

Estimado Régis,

Estoy en profundo y total desacuerdo con la "Carta no nacionalista" que aparece en Sibila, firmada por Rolando Sánchez Mejías y los editores de la revista. Es precisamente esta segunda circunstancia la que me lleva a declinar su amable invitación a participar en dicha revista con alguno de mis escritos.

No entraré en el terreno de las argumentaciones y contra-argumentaciones. Los catalanes llevamos demasiados siglos dando explicaciones y pidiendo disculpas.

Advierta, por favor, que este es un correo que mando a su dirección electrónica personal, no a la revista. Le ruego que lo mantenga en el estricto ámbito de la privacidad.

Saludos cordiales,

- Gemma Gorga

 

Apreciado señor,

No se trata de aceptar o no aceptar. En general, yo lo acepto todo, menos el crimen. Pero cuando uno ha de constatar la lamentable realidad de que su lengua (el catalán) está en vías de desaparición en su propia ciudad (Valencia) y en todo su país (el valenciano) gracias a la maravillosa tolerancia democrática de los impulsores de la lengua del imperio de la hispanidad -lengua que, por otra parte, no tiene, como tal, ninguna culpa- sin que, por lo visto, nadie diga esta boca es mía, lo que desea es no haberse de indignar sin ninguna necesidad leyendo cosas que le han de parecer muy tendenciosas y hasta patéticamente sonrojantes. Así que lo que le pediría, por favor, es no volver a recibir este panfleto en mi correo.

Cordialmente, Enric Sòria

 

Mais repercussão no link www.penultimosdias.com

 

. . . . . . . . . .

 

^ topo

 

Nota de RÉgis Bonvicino sobre Susanna Rafart

Rafart enviou, depois de ler a Carta no nacionalista, um email a mim, no início de outubro, onde dizia que lamentava muito os artigos publicados em Sibila (Carta no nacionalista e 12 poetas catalães) em virtude de eles abordarem a questão do nacionalismo catalão. Nesse email, afirmou que: “... Me parece que la violencia que ejercen algunos sobre nuestra identidad y nuestra cultura milenaria es más fascista que ora cosa. Más viniendo de personas que viven aquí, instaladas depreciando una literatura que merece el mayor de los respectos” . Ela referia-se a Rolando Sánchez Mejias com “viniendo de personas que viven aquí”, chamando-o de “fascista”, justamente ele, um refugiado político de Castro.

Convidei-a a redigir um artigo, rebatendo as idéias de Carta no nacionalista e de 12 poetas catalães, todavia, ela se calou.

O curioso é que Carta no nacionalista não aborda a litetatura catalã e tampouco a desqualifica. E que Sibila apóia todas as línguas minoritárias: catalão, galego, curdo, mapuche (língua indígena do Chile), tupi-guarani (língua indígena brasileira), croata, finlandês, sueco, grego, o valão, o flamenco e até o italiano (58 milhões de falantes contra 250 milhões de falantes do português) etc. Hoje, dia 17 de outubro, La Rafart –  a Lady Ra de Catalunha – num tom autoritário extremo, exigiu que eu retirasse sua carta do link, porque ela estava “num contexto impróprio”. Não queremos personalizar o debate, mas, Rafart parece querê-lo, em nível pessoal, infelizmente.

Retiro-a (a carta de Rafart) – por ser um adepto radical da democracia – não sem antes afirmar que foi sua carta que desencadeou a lista de apoios para Carta no nacionalista e que a carta (de Rafart) repercutiu mal em muitos blogs espanhóis e até entre membros de partidos políticos catalães. Quem é o oportunista?

Além disso, como bem observa Rolando: “La literatura no se impone, se demuestra con calidad. Así sea en catalán, brasileño, francês o cantonés”.

Faço um repto público a Rafart: rebata por escrito em Sibila (e não por emails) a Carta no nacionalista e 12 poetas catalães sob pena de fascismo!

 

El Roto, http://www.elpais.com

 

. . . . . . . . . .

 

^ topo

 

El límite y lo humano
Rogelio Saunders
(Sabadell, agosto de 2005)

¿Por qué hay que volver a hablar de política? Porque la política, como alguien dijo, es “el tiempo que hace”. Porque el escritor se siente libre en su arte, pero hay siempre algo con lo que topa, y este algo son los límites que, ajenos a la soberanía de la escritura, lo rodean por todas partes, poniendo en duda su libertad como escritor y como ser humano.

Los pretextos (y las protestas) pueden ser muchos. Que no cumple con sus deberes de ciudadano. Que no es un buen padre y un buen esposo. Que no ama a su patria, grande o chica. O —last but not least— que no se integra en la comunidad que lo ha acogido (llámese país, sociedad o grupo).

Pero nada de esto puede ser adscrito al presente espurio del periódico. Viene de más lejos. De esa extraña anomalía que quiere que los seres humanos deban aspirar a ser lo que ya son. No basta con haber nacido humano: hay que ser incluido en lo humano. No basta con estar vivo: hay que merecer la vida o ganarla. No basta con tener talento: hace falta que el marketing lo diga.

Así lo humano, lo incuestionable, es puesto en juego. Pero cometemos un error profundo (diría: el error por excelencia, ya que es el origen de todos) al creer que lo humano es cuestionable (ganable o medible). Que puede ser otorgado por alguien o algo (digamos, la política), cuando en realidad es lo dado de antemano, lo dado desde siempre. Cuando nacemos, ya está ahí. Y cuando morimos, sigue estando ahí. Pero no ahí como un retrato o un edificio (como una bandera o un paisaje), sino como aquello presente en cada uno de nosotros y que nos hace idénticamente irrepetibles y soberanos.

Lo que se opone a que lo reconozcamos es siempre la política (o lo ideológico). Casi diría: nuestros aciertos son humanos y nuestros errores políticos, si no fuera porque sería hacer una vez más a lo humano rehén de lo político. Ponerlos en relación, que es lo propio de la política. Lo propio de la política es territorializar. Y sobre todo: confundir lo humano con lo territorial. Político es quien explota el sentimiento de pertenencia (llámese ego, grupo o nación) en beneficio del dominio.

Pero lo humano no es un territorio, sino el ser mismo (es decir: aquello que no tiene límites). Y sin embargo, al nacer nos encontramos circunscritos por límites. Se dirá que el artista también se enfrenta a límites. A los límites del arte y, si es un escritor, a los límites del lenguaje (incluso al límite de una lengua en particular, extensa o minoritaria). Pero la verdad es que el único límite al que se enfrenta el escritor es el de su talento. Allá a donde quiera ir, no lo detendrá el lenguaje. Allá a donde no pueda ir, no lo llevará.

El gesto del escritor, el gesto por medio del cual éste “se hace”, es tan soberano y autónomo como el de la literatura. Él escoge su lengua y estilo. Su tradición literaria. Incluso su origen étnico y social. Lo inventa todo, comenzando por él mismo. Diga lo que diga, no tendrá otro remedio que inventar su destino. Más aún: la marca de un escritor es ésta: su atrevimiento para postular la ficción como una realidad perfectamente válida. Comprendamos que es así y que no puede ser de otra manera. El escritor podrá proclamar lo que quiera (desde el bárbaro antisemitismo de Céline hasta la sexualidad frenética de Miller o la valentía neurótica de Hemingway), pero finalmente no hay otra realidad en su obra que las palabras, y éstas señalan sonriendo hacia la condición ficticia de toda creencia (de toda terca, irremisible circunstancia).

El poeta, que tiene un sentido agudo de las posibilidades de lo verbal, sabe que éstas son las posibilidades del ser, y que en ellas se cumple su soberanía. Pero los poetas no son los guardianes de la lengua, como los pintores no son los guardianes del paisaje.

A medida que pasa el tiempo, nos gana la sospecha de que los antiguos sabían mucho más que nosotros. Y no sólo eso: que habían preservado cosas que nosotros, soberbios e ignorantes, hemos arrojado al olvido. Ya no nos parece necesaria la soberanía del arte, porque olvidamos (o no sabemos) que en la medida en que prescinde de toda autorización (sin ser en modo alguno misterioso, sino más bien transparente) el gesto del artista se vuelve incuestionable, porque coincide con el movimiento del ser, que está lleno de plenitud y de presencia (lleno de lo humano).

La política, en cambio, sólo habla de estrechez y de fugacidad. Nos sumerge en la espesa jalea de lo banal, prometiéndonos el refugio ilusorio de nuestra codicia y el seguro salvajismo de nuestros instintos. Bajo el pretexto de protegernos, nos lleva primero a excluir y luego a suprimir y a ejecutar. Bajo la banalidad de las palabras (las palabras del periódico, del tribuno de esquina), late la banalidad de la violencia. Detrás de las líneas pintadas con lápices de colores están las alambradas torcidas con alicates.

¿Qué tiene que ver todo esto con el arte y la poesía? Mucho, en la medida en que son los seres humanos quienes se equivocan. ¿Qué hacía Guillaume Apollinaire en una trinchera en la carnicería de 1914? Lo mismo que hacen hoy quienes juegan el juego de la territorialización. ¿Cómo ignorar que hubo Auschwitz y sobre todo lo que significó y significa Auschwitz? Al terminar la segunda carnicería, los hombres (que de pronto se habían dado cuenta de que lo eran) dijeron: “Nunca más”. Pero, por lo visto, la eternidad no puede durar mucho en labios humanos.

Ni siquiera Auschwitz hizo que los hombres se curaran de la enfermedad del “nosostrismo” (el ismo del “nosotros”), que es la enfermedad del límite. Ni siquiera Auschwitz hizo que comprendieran realmente dónde estaba el error, qué era lo que lo había desencadenado todo. Dijeron: “Nunca más”, pero dejaron el monolito intacto. Dejaron intacta la maquinaria de la territorialización (la alienación por excelencia). Dejaron intacto el secuestro de lo humano bajo la forma del atareamiento político. Volvieron a confundir la libertad de moverse dentro de un cilindro con la libertad a secas.

Cuando oigo a un artista defender el huerto cerrado de la patria o la familia, del gremio o del lenguaje, no puedo evitar pensar que se equivoca a la vez como artista y como ser humano. No porque estas cosas no sean defendibles u honrosas, sino porque al recluirnos en ellas dejamos de percibir toda la belleza y vastedad de lo humano. De pronto ya no podemos hacer uso de la plenitud que somos, pues hemos creado un doble o sombra que es la figura enemiga de lo Extraño (el Xenos). Al hacerlo, nos volvemos extraños para nosotros mismos y sentimos la necesidad imperiosa (y fatal) de definir lo humano. Lo humano deja de ser la ausencia de límites y se convierte en un siniestro orto que mide y separa. (Y que, previsiblemente, condena y aniquila.)

He ahí el peligro. Peligro tan grave, que apenas se puede exagerar su importancia. Porque es justamente ante la promesa de la libertad que nos hemos equivocado siempre. Ha sido justamente en el momento de definir lo que somos cuando hemos proclamado los límites más abyectos. Nuestra postulación de la libertad —entendida como la postulación de lo humano— ha sido siempre la postulación del límite como negación de lo humano. Hemos dicho: “Todos los hombres son iguales”, pero hemos considerado que muchos merecían ser esclavos. Hemos oído: “La verdad os hará libres”, pero hemos pisoteado esa enseñanza colocando una variante siniestra a la entrada de un campo de exterminio.

Es cierto que el arte no puede hacer nada. Pero también es cierto que no puede desaparecer, del mismo modo que no puede desaparecer lo humano. Los fascistas pueden convertir a un hombre en una piltrafa, pero no pueden hacer que deje de ser humano. Es más: tampoco pueden dejar de serlo ellos mismos. Y esta paradoja no es dolorosa, sino luminosa, porque dice mejor que todo la soberanía a la vez de lo humano y del arte.

Confundir lo inalienable con alguna de las numerosas servidumbres que los hombres han inventado para sí mismos (llámese aristocracia, refinamiento, civilización; llámese raza, nación, partido, clase), es lo que nos ha llevado a un callejón sin salida brillantemente iluminado. Cuantos más caminos se nos ofrecen, menos libres nos sentimos. Porque ninguno de esos emblemas son caminos. Y toda esa percepción confusa está resumida en la banalidad infinita de lo político, que en el fondo enmascara un profundo desprecio por el hombre. El artista que adscribe a un credo está preparando su aniquilación futura. Al creer efectuar un gesto soberano (al creer hacerse soberano en el mito de la soberanía), lo que hace es convalidar un límite. Fundar, con la piedra de la exclusión, la deriva del desastre.

En ese momento (que es este momento) la decadencia del arte coincide con la decadencia de lo humano, la mercantilización del arte se convierte en la mercantilización de lo humano, la renuncia a la autonomía del arte se convierte en la renuncia a la autonomía de lo humano.

Podemos amar un terruño, un paisaje o una lengua, pero no podemos salvarlos cercándolos con leyes o armas. Joyce no hubiera podido salvar a Dublín de un terremoto. Ni su obra hubiera servido, como se ha dicho, para reconstruirla. Las cúpulas de porcelana de Dresde ya no existen. Pero sí existe el Ulises, y su existencia se debe a la espléndida libertad que Joyce supo darse a sí mismo como artista.

Y esto para mí significa una sola cosa. Que la soberanía del artista no es cuestionable, porque ella es lo que da legitimidad a su obra. Que la soberanía del ser humano (que no depende de nadie ni de nada) no es cuestionable, porque ella es lo que da legitimidad a sus actos. Y que estas, finalmente, no son dos libertades separadas, sino una y la misma.


Texto leído en el evento Diálegs sense fronteres, que tuvo lugar en Barcelona en el año 2005.

 

. . . . . . . . . .

 

^ topo

 

EN TIEMPOS DIFÍCILES
Rolando Sánchez Mejías

(Palabras de inauguración al Coloquio “Diálogo sin fronteras. Nuevas cartografías literarias”. Ateneo de Barcelona, 18 de Octubre a 20 de Diciembre 2005.)

¿Para qué sirve la literatura en tiempos difíciles, podríamos preguntarnos hoy, con o sin Brecth? Porque siempre hubo tiempos –quizás no tan inmemoriales, porque finalmente fueron  tiempos ensoñados, ideales o idealizados- en los cuales las fronteras, y las alambradas, y las lenguas, y los hombres, no eran moneda de cambio. Eran tiempos, quizás, si es que los hubo -y ciertamente que los hubo, porque podemos pensar en ellos, porque podemos representarnos esos tiempos aunque sea en la literatura, esa forma suprema o ínfima del sueño, de la realidad-, en que las primeras ciudades eran imágenes vivientes de alguna forma suprema, superior, donde podíamos existir y co-existir los hombres, como si la co-existencia fuera una forma de la felicidad, de la política aún como una cara de la verdad -¿qué verdad?- , y no una caterva o discrimen de normas, leyes,  representaciones jurídicas, marcas, límites, sueño este de la literatura –de la realidad, tal vez- donde los hombres nos parecíamos al secreto de la literatura, si es que la literatura tiene, aún, hoy, algún secreto, pues puestos a pensar, a sonsacar las imágenes que nos depara la literatura, la poesía, la palabra, como la más cara contribución del hombre a sus sueños elementales, su secreto es abierto, cegador como el sol de mediodía.

Porque sí que la literatura es elemental. Es un elemento digno de tomarse en cuenta en estos y otros tiempos que corren, que correrán, que corrieron, a veces tanto o más veloces que la literatura, porque son tiempos en que la palabra alambrada, la palabra frontera, la palabra nación, la palabra patria, la palabra territorio, la palabra mío, la palabra tuyo, la palabra libertad de los seres, la palabra libertad de las palabras, también pueden servir para el crimen, o para el discrimen, que en eso estamos, desde tiempos inmemoriales.

Tiempos en que el lenguaje, la lengua o las lenguas en que podíamos entendernos, extendernos, ha sido secuestrada por el poder de una imaginación que algunos llaman imaginación o imaginario de lo político, y que no es más que aquello que los poetas llaman el mentón duro de las ideologías.

Dicen que hoy el mundo se ha vuelto global, y que el capital es la moneda de cambio más ventajosa para que la globalidad no se nos esfume como una pompa de jabón. Y ciertamente que no se esfumará, nada se esfuma tan rápido o tan tremendamente lento como la realidad, nada que las palabras de la literatura –aún, hoy, en estos tiempos difíciles que corren- no puedan anticipar con su proverbial rapidez, con la especiosa y espaciosa lentitud con que algunos poetas, novelistas, cuentistas, pensadores,  hombres en general y en particular, a pesar de sus distintas lenguas y gracias a sus distintas lenguas, saben todavía advertirnos de que la literatura, hoy, no es simplemente una moneda de cambio, ni una forma de dominación de una lengua por otra, ni practican la “cultura de la queja o suspicacia” por ser una “lengua menor” porque: ¿quién que de veras escribe no escribe en “lengua menor”?.

Porque hay un lugar –en la vida y la literatura- donde cada lengua es todas las lenguas, y cada hombre que habla su lengua debe ser respetado y entendido, y cada hombre que hace gestos desde la lejanía debe ser respetado y entendido, y visto como imagen, imago, como quieren, quisieron algunos escritores, no esa imagen moneda de cambio que recorre la velocidad de la vida en nombre de la vida –perra vida para muchos, pobres y ricos-, y que se vuelve crimen o discrimen, terrorífica verdad-velocidad de la vida en que el tiempo de la vida inmemorial no quiere tener lugar, hospitalidad, alojamiento, acogimiento.

Hay ciudades, aún, donde los hombres que son expulsados de otras ciudades, o que por arbitrio de la libertad y el azar se desplazan de sus ciudades o remedos de ciudades, encuentran materia para su vida, porque quizá son ciudades, a las que arriban,  que han sido hechas con la dura y dúctil materia del sueño, no exenta de lucha, violencia, amor, crueldad, entendimiento. Ciudades donde los hombres que no encontraron resonancia ni respeto para su palabra en sus ciudades de origen -¿qué origen?-, encontraron a otros hombres que no les reclamaron que fueran idénticos a ellos, que no dijeron, tú, el otro, que llegas de la lejanía, hazte carne de mi carne, hazte verbo de mi verbo, sino sólo ven conmigo, o quédate ahí, para mirarte, encarnarte como imagen desde mi lejanía. Sueño de la hospitalidad –donde finalmente no hay acogidos ni acogedores, lengua de vencedores ni lengua de vencidos, todos librados a la misma suerte, a parecida muerte-, que pudo, puede ser Barcelona, Cataluña, aún, hoy, en estos tiempos difíciles que corren.

(Ateneo de Barcelona, Sala Verdaguer, 18 de Octubre en 2005. Participan intelectuales de Benin, India, Irán, Cuba, Francia, Ecuador, Palestina, Albania, Cataluña –tanto en lengua catalana como castellana-, todos radicados  en Barcelona y otras ciudades de Cataluña.)

 

. . . . . . . . . .

 

^ topo