BATE-PRONTO
Materiais inéditos e, também, polêmica e desobediência. Novelties and polemics, controversy and disobedience.
TRES HURRA POR OBAMA!
Idalia Morejón
La hostilidad que durante los últimos cincuenta años han mantenido los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos siempre vuelve a la superficie cada vez que una nueva campaña electoral tiene lugar en el Norte, con la expectativa de que un cambio en la política de demócratas o republicanos modifique las relaciones entre ambos países.
En esta ocasión, cuando la corrida de las previas esta llegando a su fin, y Barack Obama surge como el candidato favorito entre los demócratas, las especulaciones sobre su programa de gobierno con relación a Cuba ganan notoriedad, frente a la postura más conservadora de su rival, Jonh Mc Cain. Si bien desde las tribunas ambos se envían mensajes con el objetivo de aclarar la semántica del embargo económico a la isla, también acaban coincidiendo en que no es necesario llegar tan lejos.
A lo largo de las últimas cinco décadas, pocos han sido los progresos y muchas las interrupciones en la posibilidad del diálogo entre Cuba y los Estados Unidos. El interés en reatar los vínculos diplomáticos y económicos sería beneficioso para ambas partes. Huérfana de la tutela imperial soviética, Cuba está pasando por una profunda crisis económica y social, mientras que la comunidad cubana en la Florida, próspera y bien estructurada, cuenta con el apoyo político del gobierno estadounidense, y con recursos financieros suficientes para expandir su campo de inversiones en la isla. Pero, del mismo modo que el electorado de otros estados, en la comunidad cubana de la Florida, la toma de partido a favor de demócratas o republicanos reproduce en pequeña escala los conflictos de intereses no sólo entre ambos partidos, sino también entre todos los cubanos que desde las dos orillas, se han beneficiado con las restricciones del bloqueo y las pugnas que esto implica.
En su reciente visita a la Florida, frente a la comunidad de cubanos exiliados que se congregó en la Fundación Cubano Americana, Barack Obama afirmó que, de ganar las elecciones, levantaría inmediatamente algunas de las prohibiciones instauradas por el gobierno de George W. Bush, a saber, el libre tránsito de los cubanos residentes en el Imperio hacia Cuba, así como el envío de remesas a sus familiares sin límite de cantidad. En contrapartida John Mc Cain, la marca registrada del republicano clásico, ha centrado su búsqueda de votos ante la comunidad cubana en un discurso menos pragmático, que busca sensibilizar al llamado exilio histórico con temas idénticos a los ya utilizados en campañas anteriores, como el apoyo directo a la disidencia interna y la crítica a la dictadura castrista, que mantiene a decenas de prisioneros políticos en sus cárceles, aun cuando la Base Naval de Guantánamo, en la misma isla de Cuba, se ha convertido en un campo de concentración para prisioneros de guerra de Iraq y Afganistán. A diferencia de Obama, que ofrece a los cubanos la posibilidad de aliviar años de dificultades económicas y de separación familiar, Mc Cain llega a Miami para asegurarse con el rencor de los sectores más conservadores de la comunidad cubana, cosa que nunca ha perjudicado al gobierno de Cuba, sino a la población que debe aguardar llena de escepticismo a que alguien de el primer paso.
En julio de 2007, Raúl Castro tuvo el buen tino de extender un simbólico ramo de olivas a quien, noventa millas al Norte, acepte la conversación. En los últimos días Obama, a su vez, ha debido aclarar a Mc Cain que ese ramo llegará a su mesa de trabajo en el momento en que él lo estime apropiado. Al tomar decisiones que no dependen de ninguna negociación previa con Raúl Castro, y sí con el sistema legislativo estadounidense, se estarían creando en Cuba condiciones que podrían presionar al gobierno a avanzar más de prisa en la implementación de cambios políticos y estructurales, en favor de un sistema democrático.
Conquistar votos para llegar vencedores al final de la campaña es el objetivo de ambos candidatos, y esto todavía está por acontecer. Apostar por Barack Obama es la mejor opción para los cubanos que buscan la reconciliación, aunque es demasiado temprano para confiar en que la semántica del embargo alcanzará tonalidades más realistas en el terreno precioso que hoy representa Cuba, sea para demócratas o para republicanos. Si el Partido Demócrata resulta ganador, todavía deberemos esperar para constatar si, efectivamente, las medidas que con tanto optimismo Obama anuncia no serán vetadas por el Congreso.
Al final de este debate político, faltará por considerar también las estrategias castristas. Tanto como para los cubanos que hoy están más concentrados en buscar el sustento y la libertad que en seguir las previas del Imperio, para el gobierno de Raúl Castro, tres Hurra! por Obama, al mejor estilo comunista, también es la mejor opción.
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